What happens when a bunch of young, spoiled, rich kids, armed with drugs and booze, crash their absent parents’ spectacular weekend house for a party? Well, lots of things. For starters, people get drunk and stoned, and things move quickly from there – sex, drugs, and rap and hip-hop. Throw in the touchy subject of racism (yes, Mexico is a very racist society) and the worlds of difference between rich and poor, and things get really interesting.
Turns out Cristóbal’s (Gael García Bernal) parents, the owners of the house, haven’t paid the staff (and it’s not because it slipped their mind), which makes it challenging to have the plumber fix the toilet and keep the pool heated. Naturally, the staff is resentful and has learned about their employer’s financial and corruption troubles from the paper, but still manages to keep the place running. Things heat up as the centuries-old line between social classes gets blurred with an encounter between a rich girl and the gardener. And Gael García Bernal, in his directorial debut, is the complex arrogant protagonist who can’t get into Harvard Business School, chides a friend for not caring about the tsunami, and sends his girlfriend off on a wild goose chase with incorrect directions to his house so he can make a move on a hot Argentinean girl.
Young telenovela star (and Thalia’s niece) Camila Sodi in the role of Elisa and Ana Seradilla (from Eros una vez María, which was screened at last year’s CineVegas) as Cristóbal’s rightfully enraged girlfriend are the two recognizable bikini-clad girls among many beautiful women who frolic in the pool and do tequila shots. In spite of their superficial camaraderie, all the kids’ lives seem devoid of much meaning and real friendship, even though they are physically together. The emptiness is palpable. |
¿Qué sucede cuando unos jóvenes hijos de papi llegan a la casa de campo de los papás de uno de ellos durante su ausencia, cargados de mota y alcohol? Bueno, suceden muchas cosas. Para empezar, los chavos se ponen hasta atrás, se fuman la mota, y las cosas continúan por ese rumbo - sexo, drogas, y rap y hip hop. Le añades el problemático tema del racismo (lo siento, hay que enfrentarlo en cine de vez en cuando), y la enorme separación entre los ricos y los pobres, y tenemos una historia 100% mexicana que se pone realmente buena.
Resulta que los papás del protagonista, Cristóbal (Gael Garcia Bernal), a quienes pertenece la magnífica casa en Tepotzlán, no le han pagado a los empleados de la casa, y no es porque se les haya olvidado. Sin dinero, está medio complicado pagarle al plomero para arreglar el excusado y calentar el agua de la alberca. Obviamente, los empleados no andan muy contentos que digamos, y se han enterado de los problemas económicos y de corrupción de su patrón en el periódico, pero se las arreglan para manejar la casa. Las cosas se ponen interesantes cuando las establecidas normas de sociedad que dividen a las clases sociales se hacen borrosas durante el encuentro entre una niña ricachona y el jardinero de la casa.
Gael García Bernal, en su ópera prima como director, también hace el papel protagónico del arrogante pero complejo Cristóbal, quien fue rechazado en Harvard Business School, le reclama a uno de sus amigos que no se preocupe por los víctimas del tsunami, y manda a su novia camino a Cuatla en vez de Teptozlón para que le de tiempo de ligar con una chava argentina.
La joven actriz de telenovelas Camila Sodi (la sobrina de Thalía) en el papel de Elisa y Ana Seradilla (conocida por su papel en “Eros una vez Maria”, la cual fue presentada en CineVegas el año pasado) como la obviamanete lívida novia de Cristóbal, son dos de las chicas en bikinis que reconcerás en medio de las niñas guapas en la alberca que se están echando sus tequilitas. A pesar de lo que los une superficialmente, las vidas de estos chavos son increíblemente vacías, sin amistades verdaderas y soledad a pesar de estar físicamente juntos.
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